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13 de diciembre de 2012

Bienvenida al último capítulo de tu vida.

Segunda parte de la crónica, Vanesa descubre su condena.
Vanesa no sabía de que estaba hablando y ante la confusión lo mejor que pudo hacer fue escucharme desde el mismo lugar en el que se encontraba. Fue entonces que terminé de contarle la historia del NecroDomo.

- Esta casa tiene una maldición, pues tiene todo para resultar un atractivo escondite, pero cuando un mortal se adentra en sus lúgubres cuartos o pasillos, no pasará mucho tiempo antes de que muera y su alma sea devorada por esta casa. La única forma que hemos encontrado para no sufrir la misma suerte es mediante la búsqueda y el conocimiento. El NecroDomo tiene muchos rincones sin explorar, y el rendirle tributo a partir de la investigación es lo que nos ha mantenido a salvo hasta ahora. – conté.

- En realidad lamento que sufran esa “maldición”, pero yo me tengo que ir. – Dijo Vanesa.

- Ese es precisamente el problema, una vez que entras en la casa, no hay forma de salir, estás condenada a pasar aquí el resto de tus días. Algún día morirás, pero si hiciste tributo al NecroDomo, podrás partir en paz, sin que tu alma sea devorada. Bienvenida al último capítulo de tu vida; si me permites, te mostraré tu habitación.

Vanesa entonces colapsó cayendo al suelo de piedra, tuvimos que llevarla de nuevo a la sala y reanimarla, no lo podía creer. Había visto a Emile perder su vida y ahora contemplaba su propia existencia desvanecerse entre la oscuridad de la tétrica casa a la que ese día había tenido la mala fortuna de entrar.

Una vez despertó, todos seguíamos en la sala discutiendo acerca de nuestra nueva adquisición, en realidad no la conocíamos, pero teníamos que darle una oportunidad. Así que haríamos las cosas bien desde el principio, por lo que la decisión en ese momento fue presentarnos.

Una vez Vanesa hubo asimilado su condena y el hecho de que tendría que estar junto a nosotros por siempre, respiró profundo, se tranquilizó y fue así entonces que pudimos empezar con nuestras historias.

Resulta pues, que cada quien fue a dar al NecroDomo por una razón en particular, en mi caso, todavía recuerdo aquél día en que para escapar del inescrupuloso martirio del destino, decidí abandonarme a mi mismo en una casa dentro de la cual pudiera pasar el resto de mis días, reflexionando acerca de todas las atrocidades que había cometido en mi vida, de como la causa era una máxima, pero en realidad nunca me di cuenta de lo que estaba haciendo.

Cobarde, podría ser, pero estaba escapando a siglos de sufrimiento, a un sueño eterno que había sido quebrantado. El hecho de que me fuera a recluir al NecroDomo, era para mí una condena incluso desde antes de que supiera de la maldición de la casa. A final de cuentas, aquí al menos pude encontrar una misión, en vez de simplemente esperar mi muerte, como suponía que sería al entrar.

Recuerdo el primer momento en que me topé con Emile, acababa yo de comprar la casa, entré por primera vez para recorrer sus pasillos y entonces ahí estaba, en la vieja biblioteca, de pie como esperándome. Me presenté como es debido y le pregunté el porque de su presencia, si la casa me pertenecía, si me habían dicho que aquí nadie vivía. Entonces solo me contestó “tenían razón, aquí no vive nadie”.

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