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19 de julio de 2012

El hechicero (3a Parte)

3a Parte
No sabía cómo ni porque, pero el tal Luzbel ó Miguel le transmitía una cálida confianza. Se ató la soga al cuello, y mientras flotaba al saltar de la silla, era como si nunca hubiera estado atada y de pronto ya estaba en el suelo. Al momento de voltear su pequeño y pálido rostro al lugar de donde había saltado, estaba colgando otra Lucy, pero ésta estaba inmóvil y aún más blanca; tembló de escalofríos al ver tal imagen; Pues a nadie le apetece ver su alma colgando de esa manera tan fea y traumante.


- Bien, lo has estado haciendo excelente- aplaudía el hechicero. Bajaba lentamente el alma y lo posaba sobre una mesa de trabajo que estaba detrás de la silla de donde había saltado Lucy. De su bolsillo saco las cartas parecidas a un tarot y las posaba una a una encima del alma de la señorita; empezaban a fusionarse, las cartas absorbían el alma poco a poco, hasta que desapareció. Lucy sentía que ya no tenía nada por dentro, realmente el espacio que ocupaba su alma era enorme, ahora solo esperaba que por lo menos el beso pudiese brindarle un poco de calor. -

Para el beso necesitas cerrar los ojos bella Lucy, después de eso volverás a sentirte llena y cálida.- El momento en que el poso sus labios sobre los de ella fue casi infinito, el tenía un aroma suave de rosas recién nacidas, de aquellas que bañadas con el sereno de la noche huelen mejor; qué barbaridad, la suavidad de sus labios, su piel era tan suave; ella no pudo controlarse y lo rodeo con sus brazos como si no quisiera separarse de el jamás, el hizo lo mismo. Lucy era una joven muy bella pero a la vez muy ingenua. Cuando abrió los ojos se dio cuenta de que estaba enamorada y el, desde el momento en que vio a Lucy bajar en aquella calle nocturna, supo que la quería solo para el, sin importar el precio. El le propuso que vivieran juntos en ese extraña cuidad, donde el día nunca llegaba, el autobús que la llevo jamás volvió a pasar. Como estaba extrañamente enamorada acepto la propuesta e imaginaba que feliz siempre estaría y que la tristeza no la alcanzaría. 

Pero ¿Cuál fue su sorpresa? Que el hechicero no tenía corazón. El coleccionaba almas, corazones, sentimientos, lágrimas y la juventud de las ingenuas enamoradas, esa era su profesión; de esa manera el le daba vida a su mundo, lo hacía para el, lo hacía solo por gusto; de verdad se creía un Dios y un ángel caído a la vez. No podía enamorarse porque ya no poseía su corazón, así como el tomo todo de Lucy habían hurtado lo que una vez le perteneció. Para que ella no fuera tan infeliz, le propuso que haría todo lo posible para poder amarla, pues el ya era el dueño de su corazón y con el primer beso la sentenció a hasta la eternidad; al robarle el alma le arrebato la voluntad, ya no podía decidir alejarse de ese triste y extraordinario lugar. 

 Ya habían pasado casi 4 años desde aquella infame unión, Lucy sabía que el jamás la amaría como ella soñaba. Cuidado con lo que deseas, recordó que le mencionaban; ya era demasiado tarde ya no podía alejarse. Lo extraña lo amaba lo idolatraba; se partía en pedazos por que nunca le decía que la amaba. 

El siempre salía por varias horas, nunca le decía a donde partía, pero cuando llegaba, era como si nunca hubiese entrado. 

 Una ocasión Lucy estaba tan desdichada que no soportó más esa situación. – La silla, ¡si al principio fue mi condena, ahora puede ser mi salvación!- Sin dudarlo fue hasta el rincón y cuando saltó de ella, no fue su alma lo que colgando quedó, en esta ocasión fue su cuerpo entero, su rostro hacía abajo, sus cabellos ondeando, las manos extendidas y sus ojos ya sin vida. Lucy se había suicidado. 

Está historia no tiene bonito final, disculpen si no fue de su agrado, pero y les advertí que sería mi primer cuento, así que con eso me lavo las manos. Buenas noches.

1 Comentario



Anónimo dijo...

SIN DUDA , PORCELANA ES LO MEJOR DE ESTA AUTORA

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