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18 de julio de 2012

El Hechicero (2a parte)

2a Parte


El guardó sus objetos en un morral de piel que tenía colgado en un costado, se quitó el paliacate dejando caer su cabello rizado y largo hasta la mitad de sus brazos; La Luz mercurial de la calle parpadeaba demasiado rápido, mientras el viento comenzaba a soplar un poco más fuerte, el paliacate aumentaba de tamaño, se ondeaba igual que el cabello de aquel lugareño raro, Lucy sintiendo algo de vértigo cerro por un instante los ojos. -No tengas miedo, ya hemos llegado- 


Cuando abrió los ojos ya estaban en un cuarto que parecía más bien un viejo sótano; en las 4 paredes se posaban estantes, en unos había un montón de libros viejos, en otro varios frascos de vidrio de todas las formas, el tercero parecía haber de todo, desde collares que parecían amuletos, anillos de plata con enormes piedras de rubí y uno que otro con alguna esmeralda. El cuarto estante sostenía papeles viejos que hasta tenían un color amarillento; algunas figuras de tamaño miniatura, centauros, hadas, elfos, dragones, todo tipo de criaturas místicas. Del techo colgaban candelabros, pero no alumbraban mucho la escena. 

–Que es este lugar en donde hemos aterrizado?- Lucy preguntona no podía mantener la boca cerrada. –Este sótano es el mundo que he creado para mi, aquí soy de todo, soy Escritor, soy alquimista, soy escultor, soy hechicero, soy Luzbel, soy Miguel, construyo y destruyo a mi antojo. Yo soy , en mi mundo un Dios. Todo lo que ves lo he hecho yo.-

 La joven se quedó impresionada con toda esa descripción, realmente aquel lugar le parecía fascinante, sentía que en ese lugar cualquier cosa podía hacerse realidad. - Y bien, se que quieres pedirme algo, no temas y describe tus deseos, a eso has venido, buscas alguien que haga realidad tus sueños.- 

Ella enmudeció por unos 15 segundos, pensaba que era lo que más deseaba, recordando que su corazón había sido bombardeado por un ingrato, decidió que lo que más quería era encontrar a su verdadero ser amado. -Si deseo algo con todas mis fuerzas, deseo enamorarme de alguien que me ame igual que yo a el, que siempre estemos juntos y que nunca sea infiel. -Mi preciosa damita, me parece muy bien ese deseo, pero sabes que siempre debes dar algo para obtener lo que quieres a cambio. Te ofrezco amor de verdad, te daré eso por una eternidad, y para cumplirlo, solo debes darme tu corazón, una parte de tu alma, un beso y nada más.-

 Los ojos de Lucy brillaron aunque no estaba muy seguro de dar el corazón a cambio; pero al recordar todo sufrimiento anterior, optó por regalar su inútil órgano, de todos modos ella y su pareja iban a amarse por la eternidad. Su alma no le importó; El beso de hecho le emocionaba, aquel hechicero poseía unos labios casi irresistibles. 

- Y bien, ¿Qué decides?-  Acepto tu oferta, solo espero que no duela mucho arrancarme el corazón. – No te preocupes de eso me encargo yo, lo haré con mucho cuidado, no quiero estropearlo; la separación de tu alma no la sentirás y el beso, ten por seguro que lo disfrutarás; espero no creas que soy un atrevido, pero debe ser parte del proceso, es casi como un ritual y debemos hacerlo correcto, así por fin podrás ser feliz con tu novio perfecto. Cierra lo ojos bella damita y déjate llevar, no te sientas nerviosa o podría salir mal.- 

 Lucy obedeció la orden, como niño obediente que espera a ser premiado por que hizo algo muy bueno. El hechicero o alquimista, escultor; como quieran llamarle al tipo raro, se acercó a la chica; del cubo que sostenía cuando Lucy bajó del bus, empezó a brillar de un azul eléctrico hipnotizante, poco a poco se abría una de sus caretas, dejando salir una pequeña daga plateada; Instrumento que utilizó para el primer paso, desabotono un poco la blusa negra que vestía la joven dibujando suavemente una abertura con la pequeña daga del lado del corazón, este iba asomándose hasta que el lo tuvo en sus manos. Lucy sentía lo que estaba pasando, cuando se desprendía su rojo órgano tuvo la sensación de empezar a congelarse por dentro, parecía como si un nuevo polo norte habitara en su interior. 

La primera fase estaba terminada, y ella seguía con el polo norte dentro, el semi-dios solo repetía que se relajara que todo saldría bien. Para desprender su alma le pidió que abriera los ojos, la puso de pie en la silla y le menciono que mirara hacía arriba. - Una horca! Por amor a Mi ¡ - gritó ella – Este es un suicidio, no pienso ser parte de este acto, no mencionaste que debo morir, mucho menos que sería una muerte así- Tranquila, no es lo que parece; es correcto que tendrás que atar la soga a tu cuello, pero cuando saltes de la silla, lo quedará colgando no será tu cuerpo. Confía, ya llevamos casi la mitad del ritual- Y con su torcida y hermosa sonrisa la convenció de terminar. 

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