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23 de junio de 2012

De pronto sucedió...


Hace algunos días nos dimos cuenta de que la casa de la muerte requería más almas para seguir creciendo, pues es un edificio que resulta cada vez más demandante, con miles de pasillos y habitaciones pendientes de recorrer para contar su historia, con centenares de fantasmas que esperan ser escuchados.

Entonces nos dimos a la tarea de abrir una convocatoria para ver si dentro del pueblo existía algún valiente que se atreviera a cruzar las puertas de nuestro NecroDomo, a fijarse una habitación y a residir aquí, con nosotros, a expensas de que cualquier cosa pueda pasar.

 En realidad, desde que Emile bajó al pueblo a poner los anuncios, la gente se le quedó viendo, pues todo lo que sale del NecroDomo es oscuro, es incierto, es digno de temor. Creo que entonces, pocos fueron los que se atrevieron siquiera a leer el anuncio publicado, y hasta ahora nadie respondió.

Sabiendo la carga que teníamos sobre nosotros, decidí regresar al pueblo en busca del valiente que pudiera encargarse con nosotros de esta épica búsqueda por el conocimiento, en este agotador esfuerzo por llevar a cabo la compilación más grande de elementos ocultos, para iluminar al ignorante, para hacer romper en llanto al alegre, para hacer vender su alma al miserable.

Tomé mi capa y bajé al pueblo, había muchas personas, pero todas se hacían a un lado mientras caminaba; a pesar de mis modales, ya que saludaba cordialmente a todos, ninguno se atrevió siquiera a contestar el saludo, pocos fueron los que hicieron contacto visual.

Sabía que en ese lugar no iba a encontrar a nadie, sin embargo seguía caminando.

Después de mucho caminar, ya cansado llegué a una fuente para calmar mi sed; en esa fuente estaba sentada una joven de aspecto lóbrego, ocupada en sus propias cosas, ni siquiera se percató de mi presencia.

De todas formas al acercarme saludé, sin esperar un saludo de vuelta, pues nadie lo había hecho.

Una jóven de aspecto lóbrego,
ocupada en sus propias cosas...

Cuando me acerqué a la fuente a beber, escuché su voz, un saludo de vuelta, algo que me llamó la atención, pues para ese entonces ella ya había podido ver mi rostro, ya sabía quien era y de donde venía.

Decidí presentarme de todas maneras -mi nombre es Alexander- le dije y ella me respondió de vuelta
- Yo soy Arilene-, y como gesto de cordialidad besé su mano al momento de presentarnos, ella hizo una señal de reverencia.

Seguimos platicando por un rato, nacida bajo el signo de libra hace no muchos años, era una persona interesante y mística, me enseñó la libreta que tenía entre sus manos y pude ver que había sido dotada con talento y creatividad.

No dudé, la invité a pasar a la casa de la muerte (hasta cierto punto esperando una respuesta negativa, pues vamos, ¿quien condenaría su alma de manera voluntaria de esa manera?). Sorpresivamente, me contestó no sólo de manera positiva, sino incluso eufórica.

Supe entonces que tenía una nueva habitante, una persona que nos ayudaría a recopilar los fenómenos que suceden en nuestro NecroDomo.

Ahora está desempacando, no sé si siga con esa misma euforia o si se encuentra en posición fetal en un rincón de su habitación dandose cuenta de la decisión que tomó, pero una cosa es cierta, ya no hay vuelta atrás...

Bienvenida Arilene, estás en la casa de la muerte.

2 Comentarios



V. T. Abdala (Emile) dijo...

¡Bienvenida sea! Cuidado con los huesos en el pasillo, que no se tropiece.

Anónimo dijo...

Y porque no hay un relato de cuando entro Mondragon? Quien es esa extraña y misteriosa criatura que habla sobre las bestias? acaso el mismo es una bestia? y por ello se refugia en la casa de los muertos.

Como es posible que no exista la historia de todos los que aquí han entrado, donde esta el libro lúgubre de registro, quiero escuchar tu historia también Alexander, Emile, Lillith, Mondragon.

Esperare con ansiedad que mi humilde petición sea escuchada.

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