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11 de agosto de 2010

Ritos, buitres y narcos

Dado que el espacio de NecroDomo no sólo está abierto para el morbo sin sentido, vamos a completar y extender algunas ideas disparadas por la entrada anterior, donde se muestran fotos de un ritual tibetano en el que se da de comer un cadáver a los buitres como parte de una ceremonia fúnebre.

Estas imágenes, fuertes para la mayor parte de nosotros -occidentales de poco estómago-, son difundidas por mail no bajo el correcto título que sería “Ritual funerario tibetano”, sino con el de “Narcos Colombianos, destruyendo pruebas de un ajuste de cuentas”. Un título sin dudas extenso para considerarlo un error de tipeo; sería inocente pensar que el falso encabezado tiene la intención de despertar mayor interés, y no una mucho más mezquina.

En este caso lo que me preocupa, más que la problemática del narcotráfico en Colombia y toda Latinoamérica, de la que medios periodísticos y de investigación se ocupan a diario, es algo cercano y perfectible y a la mano.

¿Cuántos de nosotros revisamos la información que recibimos y reenviamos por correo electrónico todos los días? Es muy fácil apretar reenviar sin chequear antes la información, pero no sólo la pereza motiva nuestra desidia: es también un poco de ignorancia, un poco de inconciencia. Todavía no nos damos cuenta que con el avance actual de Internet todos somos formadores de opinión. Lo que decimos redunda a miles de kilómetros de distancia. Al apretar enter estamos difundiendo ideas, y somos tan responsables de ellas y de sus consecuencias como cualquier personaje mediático. Hacemos escuela con lo que publicamos y, como todo maestro, antes de enseñar hay que estar seguro de lo que se dice. Si no tenemos tiempo para investigar (usar Google, vamos, que no es tarea de eruditos), entonces dejemos ese correo interesante en alguna carpeta para cuando tengamos tiempo, o simplemente olvidémoslo.

Hay otra persona, mucho más responsable que el que reenvía sin revisar, y es aquel que, teniendo en poder estas fotos, decidió sacar rédito ideológico usando las costumbres de una cultura milenaria y haciéndolas pasar como una barbárica manera de ocultar un crimen, comparándola con delincuentes y usándola con fines políticos.

En un foro, un integrante escribió con mucha tranquilidad que debían ser colombianos por su aspecto físico y el contexto. Claro, si son morochos y están descuartizando un cadáver, pues deben ser colombianos (porque los colombianos son todos narcos, ¿no?). Este razonamiento, dicho con tal aparente inocencia, es un claro ejemplo de ciertos pensamiento que se dicen y manifiestan como si no hubiera nada de malo en ellos, que están naturalizados en nuestro discurso diario. Discurso que toma mayor relevancia al ser escrito, publicarse, y estar al alcance tanto de cualquier forista, miembro de un grupo o lector de un blog, como de todo el que llegue a él mediante enlaces o resultados en su buscador.

Puede que esté pretendiendo demasiado. Después de todo, estamos en una época en la que incluso escritores y periodistas a penas tienen conciencia de los efectos de sus palabras en la sociedad.

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