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13 de agosto de 2010

Método de tortura: Aplasta cabezas

El nombre no lo puede decir mejor, este aparato tiene sólo una utilidad.

Es un método de tortura muy usado en tiempos de inquisición, se utilizaba para destruir el cráneo, pero lo peor eran las consecuencias...

Este método de tortura, como muchos de la época, tenía un funcionamiento bastante sencillo, y no estaba basado en una gran tecnología, sino en causar la mayor cantidad de dolor posible.

El aplastacabezas era simplemente una base para poner la barbilla, un casco y un torno en la parte superior del casco, todo hecho de acero. Eso era todo lo que se necesitaba para generar llantos extremos y lastimeros gritos en las salas de tortura.

Es que a pesar de ser un mecanismo bastante simple, el aplastacabezas hacía honor a su nombre, ya que como sabemos, por medio de una máquina simple, como lo es el torno, podemos conseguir enormes resultados a través de un mínimo esfuerzo.
En este caso el esfuerzo sólo requería girar la manivela que se encuentra en la parte superior de este artilugio, de esta manera el casco iba bajando cada vez más, y como la cabeza del pobre condenado estaba sujeta a la base de acero, entonces se iba comprimiendo cada vez más hasta que lo inevitable pasaba...

El cráneo era partido en pedazos, de una manera tan lenta que la persona todavía estaba viva cuando sucedía esto.

Primero, al ejercer presión, los dientes estaban tan apretados que se rompían, causando un extremo dolor en el torturado.

En este momento se agrega a la agonía de la compresión la del ahogamiento, pues corría tanta sangre por sus bocas que la sensación de ahogamiento era enorme, simplemente horrible.

Los nervios de los dientes expuestos, la sangre saliendo por la boca y la compresión en aumento, hasta que se escuchaba un tronido, era la quijada, que se había salido de su lugar y amenazaba con romperse.
Resta decir que los sentidos se perdían, pues los oidos se reventaban, los ojos se salían de sus cuencas y el gusto... el gusto no se perdía, pero cuando uno se está ahogando con su propia sangre no creo que se alegre de poder saborearla.

Después, el resto del cráneo se reventaba cual globo, la cabeza sólo parecía una bolsa con muchos huesos dentro, y una sopa de cerebro para llevar...

Lo peor de todo es que, como en muchos otros métodos, la muerte se tardaba mucho en venir, al vez por estar embelesada al ver que el hombre es el más grande enemigo de sus iguales...

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